Absuelto por conducir con tasa de alcoholiza positiva, con accidente de circulación y sintomas.

El investigado es citado a juicio rápido al tener un accidente con su moto y dar una tasa de alcohol de 0,58.

Se le pedía una pena de de 8 meses de multa con cuota diaria de 10 euros y responsabilidad personal para caso de impago de 1 día de privación de libertad por cada 2 cuotas impagadas y la pena de 15 meses de privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores y abono de costas procesales.

Finalmente resulta absuelto, logramos desvirtuar el testimonio del policía , el atestado , acreditamos la nulidad de la prueba de alcoholemia , acreditamos que los síntomas no eran inequívocos y que el accidente no fue motivado por la ingesta de alcohol.

“El relato de la agente de la Guardia Civil xxx fue inconcebible, inverosímil e incomprensible. La única explicación que se considera al respecto es que en realidad no recordara los hechos en modo alguno y la lectura previa a la vista oral de sus propias diligencias la llevara a unai nterpretación errónea de lo ocurrido en realidad.

La agente se atribuye funciones de las que carece, como valorar e interpretar los vestigios recabados para concluir sin rubor que el acusado cometió el delito que se le imputó. Sin embargo, no realizó como Instructora su labor, que era recoger con precisión y rigor los elementos probatorios resultantes de los hechos y presentarlos con corrección para su valoración por parte de quien corresponde, que no es otro más que el Tribunal sentenciador.

En las diligencias hay patentes errores de transcripción, unos consecuencia de la falta de atención en la redacción, como ella misma reconoció en la vista oral, como la referencia a un vehículo Volvo al folio 21 de la causa; y otros, los más preocupantes, producto de una interpretación subjetiva sin contrastar de la agente actuante, como la referencia al folio 4 donde dice que el turismo implicado casi no tenía daños.

La agente manifestó en el plenario que realizó las pruebas de alcoholemia en el box de urgencias, circunstancia que niegan sus compañeros. Dice que estaba el turismo a su llegada, cuestión que también contradicen el resto de testigos. Y asume que la causa del accidente fue el previo consumo de alcohol del acusado sin haber realizado ningún tipo de pesquisa en la vía.

Los resultados de las pruebas de impregnación alcohólica obrantes al folio 9 no son válidos. Este Tribunal desconoce quién los realizó, cuándo, cómo, en qué circunstancias y a quien. Ni siquiera consta el nombre del conductor, los testimonios de los testigos son contradictorios, vagos e inseguros. Y no se llega a comprender por parte de este Tribunal cómo es posible que si el agente xxxxxx estuvo presente en todo momento junto a la agente xxxxxx no pudiera firmar todas esas diligencias que afirman realizaron en el momento de los hechos, por estar de vacaciones. Se duda incluso que fueran confeccionadas días más tarde, única explicación posible a que no firmara el conductor o el agente interviniente.

El acusado no niega que tomara una cerveza, es posible que arrojara un resultado positivo medido con algún tipo de etilómetro que no se justifica, pero sin la evidencia objetiva, clara y segura, no se puede afirmar que superara los 0,60 mg/l aire espirado y no se ha acreditado en ningún momento que condujera bajo los efectos del alcohol con merma de facultades.

Los síntomas apreciados por cada uno de los testigos que depusieron en la vista oral no sólo no son coincidentes, es que no se pueden considerar inequívocos de una clara afectación. Ni el cansancio, ni el olor a alcohol sin precisar, ni el posible aturdimiento posterior a una colisión son considerados jurisprudencialmente como claras evidencias de esa merma de facultades. Es más, no es posible afirmar con certeza que su origen fuera la previa ingesta de alcohol, salvo el olor, que sí lo justificaría pero no la imposibilidad de conducir con plenas facultades.

La colisión es el indicio más claro de esa posible merma, pero sin ningún tipo de comprobación objetiva por parte de los agentes de Atestados que intervinieron no se puede precisar cuándo reaccionó el acusado, si se hallaba dentro de una reacción normal, si esa falta de ABS pudo producir que patinara la rueda como afirma, qué velocidad o distancia de seguridad podía guardar y, lo que es más importante, si las condiciones de la vía podían haber influido notablemente en la producción de la colisión.

Aun cuando la testigo no reconociera que este tipo de colisiones son absolutamente frecuentes, es una circunstancia imposible de ignorar. La vía estaba completamente oscura, nadie afirma con rotundidad que el corte del carril por las obras estuviera correctamente señalizado y visible tras una curva cerrada y si verdaderamente el acusado hubiera circulado a una velocidad excesiva, sin guardar distancia de seguridad o con sus facultades mermadas en notable medida, casi con toda probabilidad el impacto hubiera sido mayor y sus consecuencias mucho más graves.

En definitiva, no existe prueba de cargo fiable para poder argumentar una condena penal que exige la mayor de las certezas y todo el rigor posible en su afirmación.

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